Después de la Navidad no queda la mesa llena ni los regalos envueltos.
Quedan los niños cansados, dormidos en el sofá.
Quedan los juguetes en el suelo, las risas todavía flotando en la casa…
y nosotros, mirándonos con esa mezcla de cansancio y gratitud.
Ser familia no es solo celebrar fechas especiales.
Es organizar el caos, recoger juntos, abrazar cuando el cuerpo ya no puede más
y aun así sonreír, porque el corazón está lleno.
A veces estoy cansada.
A veces siento que el día fue largo, que no hice todo perfecto.
Pero cuando los veo dormir tranquilos,
cuando sé que crecieron rodeados de amor,
entiendo que eso es lo único que importa.
La Navidad pasa.
Las luces se apagan.
Pero lo que construimos como familia se queda, día tras día.
Y aunque estemos cansados…
somos felices. 🤎✨



